Salida de los jóvenes de la Parroquia a las “cataratas”

Queridos todos:

Desde el corazón de Latino América – Ciudad del Este – Paraguay -; en breves líneas deseo compartir con todos ustedes el hermoso día que Dios nos regaló el pasado sábado 14 de enero del presente año. Este fue un día donde Dios nos reafirmó su existencia, donde Dios nos mostró algo más de su poder y su amor para con nosotros los hombres. Este fue un día que en medio del paseo y contemplando las grandezas y maravillas de Dios recordé un viejo cuadro que hace mucho tiempo Mamá colgó en el cuarto que compartíamos con mis hermanos, en este cuadro, aún, se lee: “Dios no habla, pero todo habla de Dios”.
Con el grupo de jóvenes de la parroquia “San Juan Pablo II”, (lamentablemente no pudieron asistir todos por distintas circunstancias), y tres religiosas – Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará -, pudimos desde tempranas horas visitar y recorrer las Cataratas del Iguazú – del lado Argentino -. A pesar del intenso calor y de un sol abrazador y quemante, caminamos muchos kilómetros pudiendo visitar los tres paseos que se ofrecen. En primer lugar hicimos un recorrido por el museo donde se narra y se muestra por medio de fotos y maquetas algo de la historia de dichas cataratas y de sus primitivos habitantes. Luego llegamos a la primera estación de tren, desde donde sale un simpático tren hasta la segunda estación llamada “estación cataratas”, aquí esperamos unos minutos para realizar el trasbordo a otro tren que nos llevaría hasta la “estación garganta del diablo”. Llegados a esta estación nos preparamos para caminar unos veinte minutos para llegar a la caída más grande de cataratas llamada “garganta del diablo”.
Luego de visitar “garganta del diablo”, volvimos al tren, regresamos a la “estación cataratas” y aquí pudimos realizar dos paseos, el inferior y el superior.
Dije al principio que “todo habla de Dios”, la vegetación, la fauna, los distintos brazos del río que se van cruzando continuamente por pasarelas que van serpenteando por encima del agua y metiéndose por entre la selva, pero lo más impresionante es ver las distintas masas de agua que caen desde grandes alturas buscando seguir el cauce del río, ofreciendo ver y sentir la fuerza de Dios y de solo Dios que nos ofrece estas maravillas para elevar nuestras mentes y nuestros corazones en un himno de acción de gracias a Él, diciendo con el Salmista:
¡Oh Yahveh, Señor nuestro, qué glorioso tu nombre por toda la tierra! Tú que exaltaste tu majestad sobre los cielos, en boca de los niños, los que aún maman, dispones baluarte frente a tus adversarios, para acabar con enemigos y rebeldes.
Al ver tu cielo, hechura de tus dedos, la luna y las estrellas, que fijaste tú, ¿qué es el hombre para que de él te acuerdes, el hijo de Adán para que de él te cuides? Apenas inferior a un dios le hiciste, coronándole de gloria y de esplendor; le hiciste señor de las obras de tus manos, todo fue puesto por ti bajo sus pies: ovejas y bueyes, todos juntos, y aun las bestias del campo, y las aves del cielo, y los peces del mar, que surcan las sendas de las aguas. ¡Oh Yahveh, Señor nuestro, qué glorioso tu nombre por toda la tierra!
(Salmo 8, 8-10).
Además de dar gracias a Dios y a la Santísima Virgen María, nuestra Señora de Caacupé, doy gracias a las religiosas que nos acompañaron, y especialmente a cada uno de los jóvenes, quienes supieron ofrecerle a Dios y ofrecerse a sí mismo estas horas de sana distracción y diversión, pudiendo estar con Dios por medio de sus maravillas, escucharlo a Dios por medio de aquella alabanza que su misma creación le ofrece, y pudiendo entender todos nosotros, un poco más, que para, verlo, escucharlo, estar con Él, necesitamos retirarnos, a ejemplo de Jesucristo, el cual pasaba largas horas a solas para estar con su Padre.
Nos encomendamos a las oraciones de todos. ¡¡¡VIVA CRISTO REY!!!

P. Daniel Atilio García IVE.

“En realidad, todas las cosas, todos los acontecimientos, para quien sabe leerlos con profundidad, encierran un mensaje que, en definitiva, remite a Dios”
(San Juan Pablo II)