Aunque usted no lo crea así fue

La sorpresa es un estado que nace en los seres humanos ante algo nuevo y de alguna manera inesperado. Se trata de cierto asombro ante lo que previamente no se sabía o no se había notado. Tengo que decir que durante la novena a la Virgen del Carmen, que he podido predicar en días pasados en la capilla en honor a la Virgen del Monte Carmelo perteneciente a nuestra Parroquia Cristo Rey, he experimentado este estado.
Me he asombrado por la sencillez de la devoción. Y no es para menos. Quise predicarles toda la novena sobre la Virgen, su escapulario y los compromisos que se asumen al recibir este bendito hábito. Y a la vez que predicaba me deslumbraba viendo cómo María, de unas pocas palabras de promesa al Santo Simón Stock, creó una de las devociones más extendidas en el mundo.Me he asombrado viendo la variedad del público, que con fe se acercaba a prepararse para recibir o renovar su escapulario. Era un público de gente sencilla, y también de profesionales; un público de las más diversas edades; un público de habla castellana y de habla guaraní. Y todos, entendiendo más o menos, participaban y escuchaban con atención.
Me he asombrado de estar al menos dos horas cada vez, durante 10 días, y no parar de confesar. Niños, jóvenes, adultos y ancianos pasaron por la silla o el reclinatorio colocado al aire libre por los mismos fieles. Más tengo que decir aún. En varias ocasiones yo saqué sólo dos sillas para confesar, pero la mayoría de la gente prefería el reclinatorio, y me lo traían cuando les tocaba. ¿Cómo no asombrarse ante un pueblo que se humilla ante Dios y no teme arrodillarse junto a la principal calle de su barrio para confesarse?
Me he asombrado de los ancianos, quienes en muchos casos con gran dificultad se acercaron a tomar parte de esta fiesta de la fe. Algunos de ellos además de recibir la absolución sacramental y la Santa Eucaristía fueron fortalecidos por el sacramento de la Unción de los enfermos.
Me he asombrado de poder traer a la vida espiritual a 24 personas por el sacramento del Bautismo. La mayoría niños, pero también hubo adultos. No puedo dejar de mencionar a Darío, un hombre que por la gracia divina, fue bautizado, recibió su primera comunión, su confirmación y el sacramento del matrimonio.


Me he asombrado porque también tuve que administrar la confirmación a 3 adultos, quienes con motivo de su casamiento se vieron henchidos por los dones del Espíritu Santo.
Me he asombrado por los 4 matrimonios que pude realizar. Y no es para menos. Esa gente venía a buscar la gracia de Dios, nada más. No importaba tanto la fiesta, cosa en la que erran muchos hoy en día, sino que lo principal era el sacramento. Y se unieron para siempre ante Dios, en una Misa en la cual realicé los 4 casamientos juntos.
Me he asombrado de la cantidad de gente que recibió el escapulario bendito, cosa que hicieron con fe y conciencia de comprometerse de un modo nuevo con nuestra Madre la Virgen del Carmen.
Me he asombrado de los niños que cada día desde temprano estaban en la iglesia esperando la santa Misa, entre ellos merecen especial mención los monaguillos de la capilla, quienes aprovecharon estos días para tener reuniones diarias de formación con uno de los monaguillos más grandes del templo parroquial.
En fin, ¿cómo se pueden pagar o agradecer a Dios tantos beneficios? Yo no lo sé, simplemente trato de hacer lo que me toca, y de hacerlo con alegría, mostrando el mejor rostro de Jesús, ya que la gente busca en el misionero al mismo Verbo Encarnado, a quien le hemos entregado la vida, junto a quien esperamos perseverar, y con quien queremos permanecer por toda la eternidad.
El Paraguay es una misión apasionante. Es el valle de los consuelos de quien quiere ser misionero. Bendito sea el Dios que nos trajo aquí. Bendita sea su Madre, la Virgen Azul de Caacupé. Y, para no perder la oportunidad, si alguno de nuestros seminaristas o sacerdotes lee o escucha esto, sepan que el superior espera su ofrecimiento a estas tierras, y que tenemos una habitación libre…
En Cristo y María de Caacupé.

Padre Pablo Pérez, IVE

 

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