Sembrando en las mejores tierras

El domingo 23 de julio hemos tenido una nueva edición de la Jornada de Monaguillos. Esta vez en la capilla “San Miguel” del lado Monday.
Todo comenzó a las 7 de la mañana con la procesión por las calles del barrio, en la cual los chicos rezaron el Santo Rosario en dos coros. Cuando uno dice coro no hay que imaginarse tanto los coros de monjes que rezan a dos voces la salmodia, sino mejor dos barras bravas de equipos de fútbol que compiten por ver quién grita más fuerte. En esto, como siempre ocurre, el coro de los más pequeños ganó por amplia diferencia. Como particularidad tuvimos durante el camino una prueba entre los chicos más grandes, aquellos a los que llamamos “pequeño clero”, y los padres y coordinadores, ganando en esto los adultos. De tal modo que los chicos del clero menor se vieron en una doble derrota en los inicios del día.

A continuación tuvimos la Santa Misa de cambios de hábito, en la cual me ayudaron unos 200 monaguillos aproximadamente. Con ocasión de la parábola del trigo y la cizaña la predica apuntó a marcar las diferencias entre los monaguillos santos y los monaguillos malos.
Terminado el momento más importante del día, que es sin lugar a dudas la Santa Misa dominical, la Madre Virgen Azul del Paraguay, quien participó de la Misa guio la acción de gracias de los chicos. Es importante este momento, pues tratamos que los chicos entiendan que Jesucristo está en ellos por la Eucaristía recibida, y por eso deben aprovechar esos instantes para hablar con Él.
Seguidamente entregué 3 diplomas, a los chicos que en la jornada anterior habían empatado en la competencia individual de catecismo. E inmediatamente después realizamos la foto grupal.
Hasta este momento todo era orden y piedad, más ya eran cerca de las 9 de la mañana, así que los chicos como águilas veloces volaron hacia el lugar dónde sabían que les esperaba el desayuno. Mientras tanto yo fui recibiendo las listas de buena fe de los coordinadores, y organicé los partidos y las competencias de catequesis. Unos minutos después todo era competición. Las distintas capillas se esforzaban en quedarse con el ansiado trofeo.Al mediodía, como es habitual, cortamos para hacer una visita al santísimo Sacramento en la Iglesia, y les pude dar una breve charla a los chicos sobre la importancia de asistir a la Santa Misa de cada domingo.
El almuerzo que vino después fue un momento de compartir por grupos, en el cual los chicos pudieron disfrutar del tradicional pollo asado con ensalada de arroz.
En la tarde se reanudaron las competencias hasta que todas las capillas terminaron sus partidos correspondientes y su paso por la mesa de catequesis. Luego de eso merienda para los chicos y conteo de puntos para mí y las madres de monaguillos que generosamente me ayudaron en la catequesis.
Posteriormente reuní a los chicos frente al escenario y comenzamos la competencia de catecismo individual, buscando al monaguillo que más sabe de catecismo en la parroquia. Luego de una lucha muy reñida entre Sagrada Familia, Virgen del Carmen y San Cayetano resultó ganador el monaguillo Fabián de la capilla San Cayetano.
Después hice el sorteo de algunos premios para los que habían respondido bien en la catequesis durante el día. Y llegó el momento más esperado: Los resultados finales.
Tal vez este es el instante en que más silencio se logra en el día, luego de los ratos de oración. Como es normal, comenzamos la enumeración de último a primero, resultando campeón de esta jornada la capilla “San Cayetano”.
Como breve anécdota, mientras yo decía resultados, detrás de mí, en una zona donde los chicos no podían ver, estaban sentadas un grupo de madres quienes tenían en sus manos la copa, y no sé por qué motivo se les desarmó totalmente, por lo cual sus caras de preocupación y apuro por arreglarla captaron la atención de dos fotógrafos que las pudieron ver.
Ha sido un día de gracias abundantes derramadas sobre mí y sobre los chicos y adultos que participaron. Ciertamente una actividad intensa, pero más que gratificante. Dios quiera que podamos seguir haciendo mucho bien con nuestros pequeños esfuerzos, y que la semilla sembrada en tantas almas dé fruto de vida eterna.
Una vez más, y no nos cansamos de hacerlo, invitamos a todos aquellos que se animen a seguir al Señor muy de cerca, convirtiéndose en obreros de su mies. Es una entrega grande, hermosa y que no tiene otro fruto que el de la salvación de las almas, en especial de la de aquel que por Cristo ha decidido dejarlo todo.
En Cristo el Verbo Encarnado y su Madre Inmaculada…

Padre Pablo D. Pérez, IVE

 

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